viernes, 9 de agosto de 2013

Del Musiruido a la Discomivil



DEL MUSIRUIDO A LA DISCO MOVIL

POR MARIO HERRERA

 El ya desaparecido periodista Manuel González Bello habló una vez del ruido ambiental en una de sus entonces populares “Crónicas del Sábado” de Juventud Rebelde. Cuando aquello, apenas empezaba el fenómeno del reggaetón. Lo llamó “musiruido” (¡Qué gran definición, Manolo!). Pero no trataré sobre un género, polémico o no.
 Usted se levanta un día para ir a su trabajo, o quizás regresa, no importa. Se monta en la guagua, casi llena o atestada de gente que quiere llegar a su destino, y lo recibe un ambiente peculiar. A tres cuadras de distancia es capaz de adivinarla. “A veces creo oír, que me necesitas”. Ya está listo para el abordaje, ella llega, ensordecedora, y te abre la puerta. Monta y es incapaz de comunicarse con el de al lado.
 Mejor me explico. Las guaguas de hoy, las “Yutones”, tienen sistemas de audio, vaya, grabadoras, algunas con USB incluido. Por supuesto hay una gran diferencia entre un chofer chino y uno cubano. ¡Mira que nos gusta la música alta! Pero no hay opción, ahí va, sin “fórmula para olvidarte”, resignado. De repente uno siente el pitico: beeep, beeep, y se agarra fuerte de donde sea; esta le gusta al chofe, y él la sube “pa’ que suene”. ¡Qué lejos está la parada!
 Otras veces no. La guagua va casi en silencio hasta que llega “DJ Móvil”. Viene armado de su equipo súper secreto, el Celular con Bocinitas. Le da lo mismo si a usted le gusta o no, si viene cansado, si se murió su suegra o su madre. Lo que le importa es ambientar y que todos sepan el musiruido que tiene grabado y el poder de su Disco Móvil. Es capaz de echarse un “pasillito” en el pasillito de la guagua, con su traguito, cigarrito y todo. Con uno ya usted levanta las cejas. Malo es cuando monta otro, y otro más. De repente ya no sabe dónde está, si en el P-5 o en las fiestas del 28 de septiembre. Es un viaje multigéneros, bueno, más bien un mismo género pero distintas canciones. El primero sube quince decibeles, el segundo dieciocho y el tercero veintiuno. “A que el mío suena más alto” piensan los animadores, con corito y todo y hasta te avisan la “… parada, que me quedo en esta”. ¡No se le ocurra pedirles, ni de favor, que bajen el volumen! Se ponen bravos y quizás termine usted con un día tirado a la basura, da lo mismo si son muchachos, muchachas, jóvenes, personas casi mayores, cualquiera. Usted se pregunta dónde está la educación, el sentido común de la gente, el no molestar a los demás.
  Más allá de si me gusta o no el reggaetón, la disco o el Pop romántico, lo que critico no es el gusto de cada quien, sino la ausencia de sentido común, de disciplina social, de la más elemental lógica. Hasta que la indisciplina no comience a afectar el bolsillo del infractor, pero fuerte, no terminará. ¡Caballeros! "¿A dónde vamos a parar?"