jueves, 22 de agosto de 2013

Telegrama

Lance Armstrong: "Para ganar el Tour hay que estar dopado"

Por Mario Hererera

 Recuerdo aquel chiste donde un amigo le pide a otro que le cuide a la abuela pues se iba de viaje. Resulta que muere la abuela y el que quedó envía un telegrama que anunciaba la tragedia. El viajero regresa angustiado; entre tantas cosas le dice al amigo que para la próxima sea más delicado, que no le dé la noticia de un golpe sino por pasos. En vez de: “se murió el gato”, un telegrama primero que diga: “el gato se subió en el tejado”, para prepararse.
 No sé desde cuando escuché que el ciclista norteamericano Lance Armstrong se dopaba, que hacía trampas y que solo por eso pudo ganar en siete ocasiones el prestigioso Tour de Francia (La competencia más difícil dentro del exigente calendario de la Unión Ciclística Internacional -UCI-).
 La cosa comenzó después de ganarlo por primera vez en 1999. Lance era un corredor más, sin grandes resultados. Trabajaba para US Postal Servicie, un equipo todopoderoso en cuanto a recursos económicos. Le diagnosticaron un cáncer en los testículos en 1995 que se extendió a pulmones y cerebro. Sobrevivió. Cuenta Armstrong que cuando pasaba por los ciclos de quimio y radioterapia terminaba fatal. El sueño que te tumbaban en una cama dieciséis y hasta veinte horas, las nauseas constantes, el sabor a metal en la boca, los vómitos, la caída del pelo. No se dio por vencido nunca. Se curó  y regresó a las carreteras.
 En 1998 quedó cuarto en la Vuelta a España. Lo hizo sin mucho esfuerzo. Esto provocó que el estratega de equipo, Johan Bruynel, le propusiera ser líder para el tour del 99. Él lo acepto sin hacer mucho caso y según cuenta en su libro “Mi vuelta a la vida”, prácticamente lo ganó de casualidad. Se abrió la temporada de cacería de brujas (aunque no creo que por muy dopado que estuviera hubiese podido ganar uno solo de los tours sin el trabajo en equipo. Armstrong trabajaba en y para el equipo y el equipo trabajaba para él). Ganó una de las pruebas deportivas más difíciles que se conocen. Miren si es difícil: el tour del 2000 se corrió a una distancia de 4 200 Km en veintitrés días para un promedio de 182,6 Km diarios. Claro, esto no funciona tan mecánicamente. Hay pruebas de contrarreloj donde apenas se corren treinta y tantos kilómetros pero a velocidad pura, están las contrarreloj por equipo, individuales y las rutas, con sus escaladas, esprines y picos fuera de categoría, como el famoso Alpe de Huez.
 En el 2000 una denuncia anónima llega a las autoridades francesas y ellos comienzan una investigación contra Armstrong que duró veintiún meses, por un supuesto dopaje. Lo que sucedió es que el equipo corría el tour y los médicos botaron en otro lugar la basura para evitar a los periodistas, que revisaban los residuos en busca de cualquier cosa que diera un bombazo informativo. Los ciclistas en este tipo de competencia, necesitan inyecciones que suplan los recursos que pierden (fosfatos, vitaminas, minerales). Por mucho que coman no los recuperan por esa vía y además tienen que lidiar con el peso corporal. Alguien los vio botarlos y enviaron a la policía francesa el video. El resultado final fue un cierre de la investigación por falta de evidencia.
Más de cincuenta exámenes anuales evadió
 En 2001 nacen sus hijas gemelas Grace e Isabel. El día en que la esposa, Kristen Richards, iba a dar a luz, llegó a la casa el control de la Agencia Antidopaje de Estados Unidos (la famosa USADA por sus siglas en ingles). Una semana más tarde se aparecieron a las siete de la mañana de un domingo para otro control. A Armstrong le practicaron unos cincuenta controles anuales. Cuando usted corre el tour o cualquier otra carrera del circuito, los primeros lugares deben pasar un control riguroso y el resto por uno aleatorio, pero todos pasan los controles. Además tienes que informar cuando descansas dónde vas a estar para controles sorpresivos. Se aparecen, te leen los derechos (o la falta de derechos), si no quieres hacer el control, te sancionan.
Y así paso el tiempo. Armstrong se retiró, regresó e intentó ganar el tour en 2009, pero ya no era igual.
 En 2012, harto de la persecución en su contra por parte de USADA, decidió no defenderse más. La agencia arreció su ataque, le retiró los títulos obtenidos y comenzó entonces una  “mediosnovela” que concluyó el 17 de enero de 2013. Todas las instituciones que alguna vez gozaron de su amistad, le dejaron de lado desde que empezó el escándalo a ponerse feo. ¿Qué sucedió? Otros corredores del US Postal Servicie dieron positivo a la misma droga que supuestamente utilizaba y USADA negoció con ellos sanciones más leves a cambio de declarar contra Armstrong. Lo hicieron. Un expediente de más de mil páginas llegó a las oficinas de la UCI que ratificó la sentencia, aún cuando no debió.
 Busqué información de evidencia contra él porque creía en su inocencia. El propio presidente de la UCI declaró que la entidad le hizo unas 250 pruebas, que además le hicieron exámenes los mejores laboratorios en Francia, Italia y Suecia, que ninguno dio positivo. Me gasté cien pesos en un libro suyo: “Vivir cada segundo”. Creí (Y aún lo hago) en su lógica: “La Eritoproyetina es un medicamento que inicialmente se diseño para tratar la diálisis renal hasta que alguien descubrió que llevaba más glóbulos rojos a las células, facilitaba la oxigenación y mejoraba el rendimiento. El diario The New York Times publicaba en el 2000 que dos decenas de ciclistas murieron en la altura a causa de esa droga. Entonces, ¿alguien que pasó por cuatro procesos de quimio y radioterapia más dos cirugías, sería tan tonto de arriesgarse a utilizar un medicamento que le puede costar la vida?”
 Pero llego el jueves 17 de enero. Uno de los programas más famosos de Estados Unidos tendría la exclusiva. El Show de Oprah Winfrey se graba los lunes y sale los jueves. Alguien de dentro informó al diario Usa Today que Lance había confesado. Encontré que este no era un diario 100% confiable en un libro llamado “La explosión del periodismo” del francés Ignacio Ramonet. Pero sí. Confesó. Al día siguiente todos repetían la imagen de un hombre sin emoción alguna en su rostro.
"Soy culpable"
Aposté por su inocencia, pues no hubo muestras positivas  y me parecía que se sacrificaba para salvar la fundación de lucha contra el cáncer creada por él y que lleva su nombre, aunque ya no la preside, o quizás es que tengo fe en el mejoramiento humano. En la pasada edición de Tour declaró que era imposible ganarlo sin dopaje. Los siete títulos perdidos no se los dieron a nadie, imagine usted el porqué.
 Me acordé del cuento. Desde cuando me enviaron el telegrama: “La inocencia de Lance Armstrong se subió al tejado”.