lunes, 5 de agosto de 2013

capote



SIN “CAPOTA” CON CAPOTE
POR MARIO HERRERA

 Era lunes y poco después del cañonazo de las nueve. Regresaba a mi casa. Por esos días del año 2010 la televisión cubana transmitió una serie: Las Razones de Cuba. En esencia era sobre agentes de la Seguridad del Estado que de una forma u otra interactuaron con la autodenominada “Oposición”. En el camino reconocí una frase “… ¡y qué tanta matraquilla con el enemigo!”. Apuré el paso, llegué a mi casa y me senté ante el aparato. Ahí lo vi.
 Raúl Antonio Capote se develaba al mundo como el agente Daniel de los Órganos de la Seguridad del Estado. Su historia es increíble. Por cerca de cinco años estuvo infiltrado en la “oposición anticastrista” aunque era diferente, más bien, el único cubano que se podía sentar en la parte gringa del cristal, mientras veía el circo opositor.
 Vamos por partes. “En los años ochenta tenía una excelente trayectoria en la Asociación Hermanos Saiz de Cienfuegos, eso creo que fue lo que más les llamó la atención. Llego a la Habana y comienzo a trabajar en el Sindicato de la Cultura, logramos algunos cambios y que nos siguieran. Después escribo un libro, dedicado a la Habana, con la problemática de los noventa, ¿de qué otra forma se puede escribir de la Habana de los noventa, con todos esos cambios que había entonces? Y eso les era importante (…) Entonces en 2004 me invitan a una cena en la embajada de España, que no se da y después me llaman de la SINA, un funcionario de la Sección de Intereses de los Estados Unidos me invita a un coctel en su residencia (…)  me presenta Dagoberto Valdés, un viejo amigo de los americanos, director de la revista Vitral, como un nuevo escritor importante”.
 “Para acercarse a uno siempre van a la vanidad humana, ese es su punto de ataque, exaltar la vanidad y esperar a ver que frutos da, ¡y yo que detesto la hipocresía! (...) fui diferente, ellos me preguntaban si estaba de acuerdo con el bloqueo y les dije lo que creía, ¿qué clase de cubano estaría de acuerdo con el sufrimiento de su propio pueblo?, esa honestidad fue buena en la relación”.
 Desde entonces, Capote comenzó a ser de a poquito, el agente Pablo para la CIA. Hay anécdotas interesantes. “Una vez llegó a mi casa un carro, un Tur, Audi, con dos hombres que me pidieron ir a inspeccionar (…) comenzaron con aquello de ´tú eres de la seguridad, ya lo sabemos así que mejor nos lo dices y ya´. ¡Imagínate! Íbamos por el medio de la nada y se me bajan ese numerito, ¿cómo salir de eso?, los tiré a broma. Pasó una vaca y les dije que ella era un agente cubano encubierto. Después llegamos a un puente, se bajaron, insistentes en el tema, me bajé del carro y pensé ´yo me voy, pero uno de ellos se va conmigo si me tiro por el hueco del puente´. Pero en vez de eso solo me arrimé y me baje el zipper para orinar las cervezas que nos habíamos tomado en el camino, les recordé que ellos fueron los que me buscaron, que a mí no me interesó nunca acercarme a la SINA y después de pasada la prueba, a casa”.
 “Otra bien buena fue cuando las elecciones de 2004. Hicieron un numerito, un ejercicio democrático. Tú ibas a votar por cualquiera de los candidatos, Bush o Kerry, y ponían urnas con unas supuestas elecciones en Cuba con supuestos partidos, llámese socialista, comunista, republicanos, de derecha, liberales, etc. James Cason era entonces el jefe de la Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba, un viejo socio de borracheras de Bush. En ese ejercicio democrático, usted por votar, recibía una “javita” de regalos y era marcado con tinta como constancia para que no volviera a repetir. Protesté, pero solo dos o tres de esos contrarrevolucionarios lo hizo, el resto cogió su javita y una sombrilla, votó y se dejó marcar con tinta. Al final Cason anunció, de muy buena broma, el resultado de las ´elecciones en Cuba´. ´En primer lugar el Partido Socialista, el segundo para el Comunista y eso que aquí está la flor y nata de la oposición al régimen¨.
 Hay otras historias, pero no alcanza el espacio. Todas me demostraron que realmente la oposición es más un negocio que otra cosa. Muchos de los personajes son construidos. Hasta broncas vio por los famosos radios de onda corta, con piñazos, porque después los venden a diez CUC y para los funcionarios de la SINA… “esa gente es un mal necesario. Atrae la atención de la seguridad cubana mientras nosotros nos movemos con más libertad”.
 Capote fue testigo del desprecio que sienten por esos mismos personajes que les sirven.
 De las pocas cosas lindas que puede señalar, está su amistad con Kelly Keiderling, mujer que describe como muy inteligente, “hija de CIA, nieta de CIA, no puede pensar de otra forma”. Kelly fue madrina de su hija, fue amiga de su esposa, Tatiana. Los hijos de ambos jugaron juntos y concluye Raúl un capítulo en su libro Enemigo donde dice que la familia entera la extraña.
 Del bloqueo hablamos un buen rato, siempre lo cuestionó ante cualquiera. “Es brutal no poder comprar medicinas porque te persiguen las transacciones y multan a quien te venda, o si un banco tiene relaciones contigo tiene que pagar una millonada. Hay gente que hace mucho dinero con el bloqueo. Los puertos de la Florida perderían clientela si Cuba se abre, por eso aquella ley de que barco que atraque en Cuba no puede hacerlo en Estados Unidos por seis meses, ¿cuántos viajes hace un barco al mes a nuestro país y cuántos allá? ¿Cuánto dinero representa eso? ¿Por qué las llamadas a Europa cuestan centavos y a Cuba más de un dólar el minuto? (…) Nadie en su sano juicio estaría de acuerdo con eso pero los que lo mantienen ganan dinero”.
 “Valió la pena el sacrificio, sobre todo por los jóvenes. Nunca una juventud es homogénea, siempre habrá jóvenes de avanzada y otros que no (…) quiero un mundo mejor”.
 Estuve sentado en la sala de una casa que no recuerdo cuántas veces visité antes pero mínimo, dos veces a la semana por un par de años sin tener la menor idea de lo que pasaba. Para mí, Raúl era un  profesor de Historia del Pedagógico Varona. Tras terminar la entrevista, las risas, anécdotas, los chismes incontables, el café de Tatiana, me despedí de Raúl.
 Eso fue el 30 de junio de 2011.