sábado, 20 de diciembre de 2014

Cuba- Estados Unidos



Por: Mario Herrera
 
 Como ya ustedes conocen, amigos que siguen este modesto espacio, la alegría que tenemos los cubanos por el anuncio de la reanudación de las relaciones cubano-norteamericanas es tremenda.
 El Presidente Barack Obama ha dicho cosas en su discurso interesantes y esperanzadoras para nosotros. Raúl ha sido más cauteloso en sus declaraciones públicas al respecto y deja ver bien claro la intensión de que las relaciones se trabajen a partir de las normas del Derecho Internacional y todas las convenciones habidas hasta la fecha que rigen la materia, con énfasis en el respeto mutuo.
 Sin embargo no puedo dejar de preguntarme cosas: ¿cambiará realmente la política con respecto a nosotros o sencillamente la estrategia? ¿Por qué ahora?

 Un día después del anuncio más espectacular de los últimos veinte años en materia de política, se suman los norteamericanos a una campaña contra Venezuela y la sancionan con la misma fuerza con la que antes cuestionaban a nuestro país. Por eso me surgen dudas.
 La izquierda latinoamericana está atravesada en la garganta del gobierno estadounidense como espina de pescado, y sabemos la influencia de Cuba en ese cambio del sur de nuestro continente que debe ser aprovechado para bien sin los rezagos de malas izquierdas que hemos visto por años en distintos países “socialistas”, como los que vimos en Europa del Este, la URSS y Cuba.
 Pero pienso un poco y se me ocurre que tras cincuenta años de una manera de hacer las cosas y fracasar una y otra vez, el cambio tiene como objetivo convertir a Cuba en el Muro de Berlín. Se cae Cuba, colapsa la Izquierda latinoamericana.
 He leído cosas de los negociopositores cubanos radicados aquí, no a Yoanis Sánchez, sino a los mejores preparados, y parece que hay intensiones de intensificar la subversión interna a partir de la intelectualidad. Eso necesita dinero. Sabemos que se destinan unos cien millones anuales para ese tema en la Florida. Me pone a pensar que quizás Venezuela sea una cortina de humo y nosotros su verdadero objetivo.
 El punto clave está en que como hemos “resuelto” un conflicto tan longevo, la política internacional y las declaraciones tienen un hilo muy fino que da margen a determinadas actuaciones.
  Sin las restricciones será más fácil la entrada de todo tipo de agencias y personas. Si Estados Unidos comienza a negociar directamente con Cuba, los precios de muchos productos necesitados por nosotros bajarán de forma considerable y caerán mercados de países aliados como China, Rusia, India, Irán, Brasil, Venezuela, así que se matarán varios pájaros de un tiro.
 Pero igual me alegro aunque me preocupen las cosas tal y como están.
  Ojala esté equivocado, nada me haría más feliz. Y lo digo por las familias cubanas que serán las principales beneficiadas en el proceso, por la unión de estas, porque ya no pagarán seiscientos dólares para venir a un viaje que no pasa de cincuenta si fuera otro el destino. Me alegro por nosotros que tendremos que aprender a vivir sin el Embargo, sin la excusa del Embargo para justificar la incompetencia de los Insensócratas; me alegro porque al fin y al cabo será beneficioso y un alivio.
 Me alegro por los cinco que ya están con sus familias, y por Alan Gross que regresó a casa cuando había perdido las esperanzas y unas cuantas libras.
 Espero con toda la esperanza del mundo que sea el regreso de la cordura. A Estados Unidos le conviene más estar aliado a la Izquierda latinoamericana que pelearse con ella.
 Repito, ¡ojalá esté equivocado!