martes, 21 de octubre de 2014

Mala suerte



Por: Mario Herrera
 
 Es una lástima que no traigo mi cable que me permita descargar la foto desde mi teléfono a este trabajo pero les digo que le ronca el mango.
 Es la cuarta vez que voy a mi estimada sancochera, alias “El Comedor” de mi centro de trabajo y me pasa algo parecido. La culpa no sé de quién es porque el administrador dice que “fumiga dos veces por semana, que la comida la elaboran en otra cocina y que no es su culpa” y hasta quizás sea mi pesimismo, o es que no me gusta la cucaracha cocinada.
 Da lo mismo el arroz, los frijoles y hasta el pollo, entre los ingredientes sazonadores me encuentro al intrépido insecto que le da un sabor único a la comida o intento de comida que nos sirven.
 No solamente saborizada,  también la vemos cuando nos acompaña en un lugar que se supone sagrado, pasan por nuestros lados, altos, bajos, zapatos como si con ellas no fuera.
 En nuestras computadoras, salones de trabajo. Bueno, para qué hablar. Mejor dejo que pisotearlas porque perderé los pies… y el sabor a cucaracha en mi boca.