lunes, 23 de diciembre de 2013

Sádicos Gastronómicos III



Sádicos Gastronómicos III

Por: Mario Herrera

 Les juro que no la tengo tomada con ellos. Son ellos los que la tienen tomada con la inteligencia humana, con las buenas costumbres, con el arte del buen servir.
 Ahora ya no basta con el maltrato. La nueva moda es un diez por ciento más pedante. Hace unos días quise celebrar junto a mi compañera de vida. Nos rompimos la cabeza para encontrar un lugar donde ir a comer, lugar que fuera bonito, con buena comida y acorde a nuestro presupuesto festivo, un poco holgado pero no sobrado. Vamos, lo que en buen cubano llamamos un lugar bueno, bonito y barato.
 Y lo encontramos. Tenía que trabajar hasta tarde así que me llamaron para cambiar el plan de irnos al punto A, para ir al punto B, en un restaurant que pertenece al legendario cabaret Tropicana.
 Al principio dudé, la fama de caro me golpeó como olor a chicote en una primera cita, pero recibí la confirmación de que era accesible a nuestro presupuesto. Y así las cosas, nos fuimos para allá. Además quedaba más cerca de la casa.
 El lugar estaba desierto. Entramos, nos sentamos y qué cará, hoy nos gastamos el cincuenta por ciento de nuestros salarios en conjunto pero vale la pena la ocasión. Y resultó que no era tan caro, para los precios que hoy se ven por ahí. Y nos atendieron de maravilla, la comida exquisita, rápido todo, la cerveza bien fría y no eran copias, en fin, todo bueno, bonito y barato.
 Qué lindo luce, ¿verdad? Pues no. Porque cuando llegó la cuenta veo que o no sé nada de matemáticas o realmente algo no andaba bien. Y era el dichoso diez por ciento. Resulta que ahora además de pagar la comida y el servicio, hay que pagar un diez por ciento de propina, ¡obligado!
 ¡Pero ya esto es el colmo! ¡Y ni te avisan! Nada, que la ocasión no merecía echarse a perder de esa manera, así que pagamos y nos fuimos con el humor que nos caracteriza y la burla, pero igual, no regreso más a ese lugar.
 Hago el comentario y todos mis amigos me dicen que eso es historia antigua, que hace rato que se hace, que si en el Barrio Chino hace tres años, que si tal o más cuál restaurant, en fin, que ha llegado el fin de la decencia.
 No entiendo que además de pagar lo que se me pide por cada plato, precio que debe incluir costo de producción y pago a los trabajadores, también deba dejarles propina forzada. La propina, según me enseñaron personas mayores, se deja si usted considera  que esta es merecida por el servicio recibido. No es una camisa de fuerza.
 De todas formas la hubiese dejado porque realmente fueron muy amables, sin embargo me molesta que me quiten las cosas. Lo dicho, no regreso más.