lunes, 29 de septiembre de 2014

Ironías



 Por: Mario Herrera
 
 La verdad es que este fue un fin de semana bastante raro. El sábado se suponía que era un día de fiesta, 27 de septiembre, vísperas del aniversario de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR).
 Pero el ambiente fue bastante poco festivo. Entiendo mi cuadra, no hace mucho fallecieron dos personas, uno de ellos presidía la organización social precisamente, y que se guardara una especie de luto colectivo era lógico. Sin embargo fue así en algunas zonas que pude caminar. Recuerdo hace unos años el 27 de septiembre, fiesta en los CDR, la cuadra entera volcada en la caldosa de todos y después con sus jarritos y cazuelas a buscar su parte; reunidos en pleno disfrute de una fiesta esperada como cosa buena.
 Pero ya no es así, la caldosa no tiene ya tantos colaboradores en su manufactura ni en la comelata. Son pocos los CDR que funcionan a pesar de que sí quedan algunos que todavía celebran la revolucionaria fecha; fecha que no debe olvidarse su origen.
 Ayer domingo caminé un poco por la zona donde vivo y casi no hay huellas de celebración.

 Hoy me levanté bien temprano para entrar a trabajar, me tocó la madrugada. Al llegar a la parada vi encendidas las luces de un timbiriche abierto, con un dependiente amable que en un volumen algo escuchable a quince metros, reproducía en su equipito música cristiana y hablaba en plan “te convenzo” con otro señor sobre las semejanzas y diferencias entre ser cristiano y ser religioso.
 Me monto en la guagua, al pasar el puente del río Almendares veo lo que quedó de otra guagua después de un incendio en su interior. Policías, Inspectores, jefes reunidos en plena faena a las cuatro y tanto de la madrugada y la guagua ahí, cual estatua viva, monumento al incendio.
 Casi al llegaba a la emisora. Entro por calle 21 y la veo, peleada con su novia, cuchilla en mano y “te voy a tirar por la aorta”. Cuestiones de dinero. Mientras la otra le gritaba cochina de mierda y trataba de acercarse hasta que volvía a divisar la navaja de su compañera de pacotilla con cuarenta libras menos.
 Y llegué con todas estas ideas en mi cabeza, la fiesta popular que muere, el cristiano antirreligioso, la guagua quemada y la violencia de la prostitución, todo en un solo fin de semana.