lunes, 22 de septiembre de 2014

Habana, mi Habana



Por: Mario Herrera

No quiero entrar en chovinismo y decir que La Habana es la ciudad más linda del mundo, pero es una ciudad linda sin dudas. Linda y complicada con sus propias decadencias.
 Mucho se ha escrito de Ella. Dicen que la Sofía Coppola adora caminar por los portales de la calle Monte, aunque este sucia y descuidada. Sabina, Serrat y tantos, pero tantos otros le dedicaron tonadas y los cubanos escriben a cada rato para Ella.
 Pero de a poco se desmorona el sueño habanero. La incompetencia provoca imágenes tristes de una ciudad que sufre el churre cotidiano y la falta de camiones para recoger la basura. (Resulta que según un directivo de Comunales, hace falta una cantidad tal de equipos y llegamos a un cuarenta por ciento de la necesidad, eso, cuando están disponibles).

 Y mientras sufren los Insensócratas para idear cómo balancear la entrada de dinero, la salida y la malversación por parte de ellos mismos, nosotros nos desilusionamos cada vez más con la apariencia que tiene la ciudad; la comparamos con tiempos pasados, nos preguntamos por los edificios que desaparecieron y vemos preocupados los que ofrecen peligro real a transeúntes de caerles encima con toda la fuerza devastadora de un derrumbe, pero tranquilos, nunca hay grúas hasta que se cae un pedazo y lastima seriamente (si no le quita la vida) a alguien.
 El polvo, las aguas albañales, los “borrachos durmientes”, los baches, los delincuentes regulares que dan vueltas como aves de rapiña, la ciudad y su falta de luces, las zonas mejores y las peores porque no todo está tan mal (tampoco es una ciudad en ruinas aunque lo parezca por momentos).
 La Habana tiene un encanto de todas formas que la hace única. Los que la viven no pueden olvidarse de ella, la extrañan, la añoran. Los migrantes vienen y van, pero Ella no. Ella deja lo que queda.  
 Los que la vivimos deseamos que alguien capaz se haga cargo de Sus necesidades.