lunes, 23 de junio de 2014

Habana



Por: Mario Herrera
 
 Hacía tiempo que no daba una vuelta por el Malecón habanero. Como ahora resido al oeste de la capital, mis opciones recreativas rondan esa zona y por eso me alejé del centro.
 El sábado llamé a un amigo y mi compañera en la vida y yo nos fuimos a visitarlos en el Barrio Chino. Ya ese no tiene nada de Chino y sí mucho de Barrio.
 El lugar es feo y excesivamente cargado de borrachos, maleantes y gente que apenas ven a un extranjero le caen como si de ello dependiera la vida. Desde el balcón ubicado en la primera planta del edificio (que para escondite criminal y orinal público canino y humano da el perfil) el panorama no se ve agradable. Un vendedor de mascotas tenía unos cachorros en una carretilla con ruedas y fregaba la jaula con las pobres criaturas dentro que chillaban por la humedad.

 A su lado pasaban los maleantes y las mujeres de los maleantes con moda maleante, en fin, el lugar es más feo ahora que cuando éramos jóvenes y estaba en ruinas.
 Salimos de ahí sobre las diez y tanto de la noche y decidimos tomarnos una cervecita para ahogar el calor de la noche habanera. Bajamos por Galeano para ver si encontrábamos una Heineken. Iluminada después de una reparación no luce mal la vieja calle centro habanera, pero no encontramos lo que queríamos o en el único lugar que estaba, el precio era muy alto.
 Llegamos a Malecón y caminamos cerca de kilómetro y medio hasta 23. Ni un kiosquito que vendiera agua siquiera. La gente sentada sin hacer mucho, los jóvenes caminaban a ninguna parte. El muro atestado de personas que no tenían otra opción acompañados de Chanceller . El Whiskey brasileño era la opción para tanta gente.
 ¿Qué pasó con La Habana que era entretenida y con opciones recreativas para todos? ¿Dónde están los carritos que el año pasado vendían refrescos, aguas y cervezas en ambas monedas?
¿Qué pasó con los habaneros y residentes que andan las calles con la mala palabra en la boca, la botella de ron en la mano y las ganas de pelearse con cualquiera? ¿Qué pasó con las mujeres que andan la zona y solo sonríen, promueven la grosería?
 La avenida 23 fue peor y más complicado aún alcanzar un medio de transporte para regresar. Pero llegó un P-5, nos montamos junto a un grupo de adolescentes que arrastraban a uno tan borracho que casi podía estar en un coma etílico.
 Nos bajamos en la parada con las ganas de una Heineken y de una Habana que fuera atractiva.