martes, 19 de agosto de 2014

Trademark



Por: Mario Herrera 
 
 Era cerca de la medianoche. Les juro que no sabía que el aburrimiento era tan aburrido hasta ese momento, así que opté por la única alternativa posible: la cama; esperar a la Calabacita (animado cubano que anuncia que los niños deben ir a dormir). No recuerdo cómo, pero desperté rondando la Manzana de Gómez, en la Habana Vieja. Sin entender bien qué hacía ahí, me dejé llevar por la curiosidad e hice algo inusual. Comencé a caminar ciertas tiendas del complejo comercial del lugar.

  Existen varios concesionarios de artículos deportivos. Visité el primero. Quedé deslumbrado por la cantidad de marcas comerciales en la vidriera. Joma, Fila, Ocean Pacific, Kappa, Lotto y en un estante, increíblemente existentes, camisas de béisbol Batos. ¡Pues, sí señor! ¡Cómo lo cuento! Claro, es justo recalcar que por mucho Industriales que dijera, no estaban completas. Les faltaba el monograma y les sobraba precio. Le pregunté incluso a la vendedora si se vendían, me contestó que dos o tres en un mes. ¡No digo yo! ¡Cincuentaicinco “Pesos Gerentes” la camiseta! ¡Vaya, apretaron! El insulto me hizo salir del lugar.
 Apenas llego a la acera, pasa frente a mí una de esas mulatas robavista. Suspiré y me contuve de un piropo. En el momento en que admiraba su parte media posterior con curiosidad detectivesca, pasó contoneándose en sentido contrario una rubia hermosa. Le quitó a la mulata mi afición y cómo íbamos en la misma dirección, fui tras sus huellas. Pasamos la tienda Adidas. La rubia entró al siguiente comercio. Pretendía pasar de largo aunque estaba atado a su pantalón negro deportivo, de tres franjas blancas que hacían juego con su calzado y una camiseta que mostraba el poder persuasivo de la dama. Fue cuando me atrapó la vidriera. ¡No lo podía creer! ¡Al fin alguien tuvo la idea! Tantas trademarks (mira que el marketing tiene nombrecitos) de artículos deportivos en Cuba, tiendas para ellas y el producto cubano ausente hasta ese momento.
 Entré cómo Mario por mi casa. Me quedé encantado. Las camisetas de los equipos de béisbol de nuestro torneo estaban exhibidas con sus precios en “Pesos Obreros”, su equivalente a “Pesos Gerentes”, y accesibles. La noticia era dada por el noticiero: “Se deja la Mizuno 200 japonesa por una de fabricación nacional para la Serie Nacional”. Justo entonces un cartel lumínico comenzó a gritar desesperadamente: “¡Sustitución de importaciones!”; y ahí estaba, la nueva Batos, hermosa, única, barata.
 La rubia rompió el cliché: “Un país está mejor económicamente mientras mayor sea su reserva en divisas convertibles”. En las paredes estaban colgados diversos modelos atractivos de calzado deportivo con el logo de la empresa cubana. En una pantalla corría un Taíno mientras se jugaba Batos en la aldea, llegaba Colón, ponían fragmentos del animado La Pelota, salían imágenes del béisbol pre revolucionario, los rebeldes, la sierra, la Revolución, los Barbudos, el deporte después del 59 y de nuevo el indio que salta una valla y queda en una posición que permite montar la imagen mientras una voz enamoraba a los presentes: “Batos, las buenas raíces nunca mueren”.
  En el medio del salón, una gigantesca piscina de pelotas de béisbol, softbol, fútbol, baloncesto. ¡Y todas bonitas, económicas y de buena calidad! “! Someday, somewhere!” Me despertaba el tema de la Streisand por el altavoz de mi teléfono. Parece que fue sólo un sueño. Los azahares de la vida me arrastraron cerca de la propia Manzana. Y ahí estaba la tienda de las camisetas caras. Entré y le hice la pregunta de mis sueños a la dependiente, para recibir la contesta de mi pesadilla. Me insulté, salí. Caminaba la mulata. Me tomó un segundo darme cuenta que era ella. Me quedé con la vista clavada…bueno, ya saben dónde.
 En eso venía la rubia. Boquiabierto fui tras ella, con cierta incertidumbre. Pasó, con su pantalón negro de franjas blancas, su camiseta persuasiva y tenis junto a la tienda Adidas, y entró en el comercio siguiente. Me acerqué a la vidriera: “¿Será un deja vu?”, pero sólo exhibían ropa interior de mujer.