miércoles, 28 de mayo de 2014

Cosas que no entiendo



Por: Mario Herrera
 Hay cosas que se las traen. No sé, se me ocurre pensar en eso que tanto hacemos los cubanos que es irnos por el camino más difícil. Vale que el facilismo sea una vía horrible pero no hay que exagerar.
 No digo que nos rindamos ante las dificultades pero, señores, no es lo mismo crear para facilitar lo bueno que “crear” para dificultar lo básico. Supongamos que usted puede diseñar una señal que indique el sentido de una calle. ¿Qué se le ocurre? Como es lógico, un rectangulito azul con una flecha blanca que cumpla la función de indicar a dónde va la calle. Pero no, a nosotros eso nos es muy poco desafiante y preferimos por “falta de recursos” garabatear un cartón con un letrero que dice algo más o menos así: “Estimado conductor (educado y todo), esta es una calle que lo llevará al sur de la ciudad. Siga las manecillas del reloj cada dos esquinas para orientarse del tráfico que cruzará en cada intersección”.

 Pero es que somos así de complejos. Usted va a Coppelia (si es extranjero le advierto que puede ser traumático porque no tiene nada que ver la atención incalificada de ahí con lo que probablemente acostumbra en su país de origen) y demanda, exige, vaya, le echa la bronca a los sádicos gastronómicos porque te sirven un helado hueco (otra vez, si es extranjero, ni pierda el tiempo con la pregunta qué es un helado hueco), ¿y quién cree Usted que sale derrotado? Respuesta correcta, Usted mismo, y todo porque nadie más lo apoya a pesar de que todos se beneficiarían. Pero es que a esa hora se ponen a pensar “pobrecito(a) el infeliz camarero(a) que solo lucha sus kilitos”, a expensas de mi salario y del suyo también.
 Lo mejor que han inventado son las guagüitas de cinco pesos en La Habana. Desde que salieron soy un asiduo cliente de ese medio de transporte, con su aire acondicionado y sus asientos disponibles, y nadie de pié… bueno, rectifico. A cada rato los conductores te suben a pasajeros que viajan de pié a pesar de que no pueden hacerlo. Hace unos días iba en una, el Chofe tenía puesta a buen volumen, bajo, música puramente Cristiana. No tendré jamás nada en contra, es su fe, pero Cristiano y todo se llevó a unos cuantos parados que llegaban a molestar, y no precisamente gratis y por ayudar, que les cobró sus cinco cañitas a cada uno; si se quedaba alguien en una parada, se sentaba un parado y a subir otro al “paro”.
 Para quejarse de estas cosas hay ejemplos de sobra, pero les juro que nada supera a nuestro viejo amigo El Insensócrata. Siempre incompetente y autoritario. Si tiene que intervenir en un asunto de su interés, digamos, solucionar un problema técnico para que tal evento se efectúe, pues dice que ese no es un torneo organizado por él, que se vaya al diablo la televisión no es asunto suyo. Si ya se trata de una competencia de envergadura internacional, pues bueno, a gastar lo menos posible y la cuestión es que salga, no la calidad, sino la cantidad. Las cortinas están feas pero el evento se dio. El podio es el mismo de hace trescientos años y sigue ahí, todo feo y desvencijado pero el evento se dio y fue un éxito. “Que Nosotros nunca dijimos que los refuerzos eliminarían a cinco jugadores del equipo que los recibe sino que se suman”, que tal o más cual atleta es un inmoral y “nunca le debimos un centavo, además nos preocupamos de su salud”.
 La verdad, a veces para qué seguir, somos así de complicados y nadie hace nada por remediarlo.