martes, 25 de octubre de 2016

Feliz cumple Diego



Por: Mario Herrera y Mónica Guillén



 
 Cuando me dijeron estaba acobardado. Una mañana cualquiera fuimos a un policlínico a hacernos un ultrasonido. La falta de la constante hacía indicar que era posible.
 Confirmado. “¿Qué hacemos? Nos lo quedamos”. Pasamos por la casa de mi madre y ella fue la primera en saberlo, por una cuestión geográfica. Era quien más cerca estaba del policlínico donde nos hicimos la prueba. Emoción sin reserva. Imaginen que siempre dije que “moriría como mi padre, sin descendencia”, como la canción, y años, ya tenía (y tengo) unos cuantos. Era un asunto que completaría su felicidad. Su único varón, su “machito”, esperaba a su “otro machito” porque así mismo lo había soñado.
 Vine al trabajo. Mi esposa regreso a casa. No sabía cómo dar la noticia, hasta que la dio. Regresé tarde y mis suegros estaban felices como lombrices.
 Comenzó a crecer, se hizo más importante para nosotros, hasta reparamos la casa con muchos esfuerzos, todos los ahorros y las ayudas. Comenzó a existir en serio, como lo más importante en nuestras vidas.
 Desde la otra orilla, los que lo supieron enviaron un paquete con lo necesario para los primeros tiempos. Gracias a ellos estábamos “listos” en algunos aspectos importantes.
 El día que nació yo debutaba en la conducción del espacio más esperado de la televisión, Gol 360. Sábado. A las ocho de la mañana yo estaba casi preparado para irme al trabajo y me dijo: “Creo que será hoy”. Si tuve miedo cuando me anunciaron que vendría, imaginen con la premonición de su presencia.
 Ese día se transmitieron cuatro partidos, dos de la liga española y dos de la alemana… ¡Y yo loco por irme! Hasta que terminó la jornada.
 Tuve suerte con la guagua, factor importante. Llegué a casa y estaban ya en el hospital. Mi suegro recogía algunas cosas que le habían pedido las damas de la familia. Llegamos a Maternidad Obrera. No quiero describir las condiciones para no desalentar a nadie, a fin de cuentas, somos una potencia médica. A las seis y tanto me pidieron que buscara otras cosas a la casa. Mi madre llegó y enseguida subió al salón (vamos, se coló). Regresamos y nos sentamos en la amplia sala de espera, en los bajos del hospital, nerviosos. Mi madre bajó: “Ya la van a llevar a Pre parto”. Un rato más tarde volvió a bajar, a una velocidad increíble para alguien que vive solo con un cuarto de pulmón y está cerca de los setenta años: “¡Ya nació, ya nació!” (Escribo el episodio y no evito emocionarme)
 Una hora más tarde, o dos, no tengo ni idea, lo vi por primera vez. “Le decía el llorón porque fue el único que lloró cuando nació. No hizo falta ni darle la nalgada”. Así me dijo mi esposa y orgullosa madre. “¿Demoraste mucho? ¿Te sientes mal?” “No, la verdad fue rápido”. La enfermara pidió calma y recordó la necesidad del silencio, de hablar en voz baja y sobre todo, que estábamos en un hospital con bebés que recién habían llegado al mundo y madres adoloridas, agotadas.
 Lo llevamos a su cunero, el resto es historia que también pretendo obviar. Era sábado. Nueve de la noche, un 31 de octubre de 2015. El día más feliz y el que más miedo de ha dado en la vida aunque no se notara. El lunes siguiente, al mediodía, justo cuando estábamos por ir a una nueva visita y después de que un rato antes las doctoras me expulsaran por estar en horario fuera del regulado para parientes, me llaman para decirme que era momento de ir a por mi familia.
 Llegó a casa. Trajo consigo la felicidad, el agotamiento, las madrugadas más deliciosas del mundo, las incomparables. Trajo el llanto, la preocupación, la tristeza cuando algo no está bien, y por suerte no son muchas las veces. Trajo hasta las visitas de quienes nunca nos visitan y aún nos deben visitas (¿Verdad tío Tr……?).
 Mi bebé trajo tantas cosas buenas, que creo imposible arrastre algo malo. Todos los padres y madres saben de qué hablo.
 Por eso, a pesar de que este blog jamás ha tratado asuntos personales, le quiero regalar a mi bebé unas simples letras por su aniversario. Más que heredar mi casa, más que heredar mi desilustre apellido desconocido, más que heredar cualquier cosa material, quisiera que su principal herencia sea este blog, si existe de aquí a allá, y los heredara a ustedes. Ya que no me puedo permitir juguetes (Los padres saben de qué hablo), creo que al menos me puedo permitir unas palabras para él: “Gracias por ser nuestro “Papito””.