miércoles, 1 de junio de 2016

Decepción



Por: Mario Herrera
 
 No quise tirarle una foto. EL barrio donde nací puede ser utilizado para imágenes de post guerra. Colón no se parece en nada a Mi Barrio.
 Pasé mi vida en esa zona hasta casi los treinta que tuve mi propio lugar. Crecí en ese lugar de Centro Habana tan diferente a hoy. Lo caminé por los mismos sitios de años atrás. Las calles cada vez tienen menos asfalto. La Empresa del Gas realiza una reparación en la zona hace meses y las zanjas cruzan las cuadras de extremo a extremo, y en sus bordes, lomas de piedras, sacos de escombros y bolsas de basura atraen a gatos, ratones, perros y borrachos. El polvo es constante y no hay nada que se pueda hacer para aliviar las polvaredas. Casi no transitan vehículos y los que lo hacen, alzan a sus espaldas un nubarrón oscuro que se cuela en las cocinas intrincadas de las cuarterías y las casas.

 Hay menos edificios. Algunos en los que corrí por sus pasillos han reducido mágicamente sus niveles; de tener cinco o seis a una planta baja y una alta. Los otros son espacios con cercas añejas y otras frescas que serán añejas también.
 Los colores huyen. O aparecen si la propiedad renta habitaciones a turistas. Te puedes encontrar toda una calle sin colory en la esquina, un edificio de tres plantas pintado de naranja “pastillita” (Perdónenme los no cubanos, solo nosotros conocemos este color).
  El Bar Industria 8 no atrae a nadie porque nadie se imagina que hay un bar de tan buena calidad en ese espacio a pesar del anuncio. Pero a las afueras del Bar, hay una zanja sin cerrar, con sus piedras, sacos de escombros y bolsas de basura.
 Eso en una zona que debería estar más arreglada que una actriz por la proximidad con el Casco Histórico de la capital, con el Malecón habanero y el centro de la vida habitual de La Habana. Dicen que alguna malechora con poderes desvió los recursos económicos estatales para echarle un poco de colerete a la “Vieja” de Mi barrio al Suyo, de Colón a Cayo Hueso, todo dentro del mismo municipio y una vez descubierta, sancionada a impartir clases en una escuela alejada de todo, una escuela…
 Subí Industria. Pasé Consulado. El Teatro Musical de La Habana ya es una ruina con los tanques de basura desbordados a un costado, en la calle Virtudes. Una esquina adelante, Neptuno; el edificio casi rojo frente al bar de bajo costo aún recibe el aviso de los traficantes para que las “jevitas” les lancen la “jabita” de la merca. En sus bajos, las tiendas apestan a carne y sudor sin refrigeración ni climatización.
 Un antiguo teatro en Industria y San Miguel (o San José, siempre me confundí con esas calles) se convirtió en parqueo y los árboles que nacen desde sus paredes tienen raices que alcanzan el suelo, y frente a lo que queda, solo hay escombros de lo que fue uno de los edificios más altos del barrio. Un pintor trataba de dibujar un pez en una de sus paredes arruinadas.
 EL Boulevar de San Rafael es quizás la parte atractiva. Quizás, repito.
 Los blancos caminan con la piel color borracho; los negros con los ojos rojos “prendío” y viceversa.
 Los extranjeros caminan asustados, asqueados, y se preguntan dónde está el paraíso de los folletos.
PD: En la zona sur del barrio, en su periferia, sobrevive majestuso la nueva sede de la Asamblea Nacional.