martes, 8 de marzo de 2016

Tierra de Locos



Por: Mario Herrera
 
 Para jugar al fútbol en Cuba hay que estar loco o enamorado, y quien quita que sea un poco de las dos.
 Las condiciones son difíciles para la práctica de este deporte. Muchos se preguntan para qué pone la televisión, cuando lo hace, el campeonato nacional. Los terrenos son feos, duros, poco vistosos. Uniformes ídem, el juego nada tiene que ver con lo que disfrutamos en las tantas emisiones de España o Alemania. Pero acaso se habrán preguntado esos mismos pensadores cómo es posible que se juegue al fútbol en Cuba.

 Decía Dariem Díaz, DT del Habana, en el programa Fútbol por Dentro de la Televisión Cubana, que  “…la cancha era el setenta por ciento del juego, una cancha en buen estado permite desarrollar un sistema de juego, le da fluidez, permite jugar con un estilo propio, y cuando la cancha no ayuda, solo se puede esperar una improvisación”.
 Tuve la oportunidad de compartir con el público el pasado sábado el encuentro Santiago-Cienfuegos desde la Antonio Maceo de la Ciudad Héroe. Gradas repletas, ustedes no me dejarán mentir, pero un terreno muy duro, seco, sin pasto, que desvió en más de una ocasión la pelota.
 Si analizamos las cosas, hay para mucho más. Desde el hecho en que atletas de selección nacional tengan que jugar los respectivos campeonatos provinciales para poder hacer el equipo que participa en el nacional; la falta de condiciones en muchos de estos torneos locales, los jugadores que tienen que trasladarse por sus propios medios sin que las direcciones municipales solucionen al menos el transporte; a veces la falta de árbitros o torneos muy mal planificados.
 Pero bueno, ya termina el provincial, el técnico lo convoca a la pretemporada y el jugador tiene que inventar cómo  hace en el centro laboral, o solicitar una  licencia deportiva a ver si se la aprueban.
 Se hace el corte final y el atleta está incluido en la nómina de 30 jugadores.
 Te llega el día, el “Mister” da la convocatoria para el siguiente partido después de una semana de entrenamiento con todo el colectivo, y el jugador está dentro.
 El viernes se cita al grupo al punto de recogida porque a las nueve de la mañana debe llegar la guagua que te llevará hasta la provincia donde jugarás la fecha. Pero la bendita guagua llegó al mediodía, con buen tiempo, si acaso, y no pasa nada.
 Comienza el viaje y le dan la famosa dieta de poco más de treinta pesos. Finalmente llegas al hotel que los hospedará, se bañan, comen y descansan después de un largo viaje.
 AL día siguiente te vas al estadio en un transporte que te pone la provincia que casi siempre es una pequeña guagua Girón, escolar, con asientos muy duros, para moverte por ejemplo, más de treinta kilómetros desde Las Tunas hasta Manatí, o también el equipo decide irse en un camión porque es más rápido, todo puede pasar.
 Terrenos con mucho polvo, desnivelados por completo, al ser estadios abiertos el viento molesta y lo mismo detiene un balón en el aire que lo remonta en una corriente y casi ahorca al portero rival.
 Y cuando terminan el partido, otra vez en el transporte de la provincia, directo al hotel donde se tienen que bañar todos en una misma habitación, comer y regresarse a la provincia de origen.
 Ahora imaginen ese viaje entre Guantánamo y La Habana o peor aún, entre Guantánamo y La Isla de la Juventud.
 A eso le agregamos que los uniformes son conseguidos por cuenta propia. O sea, la provincia los resuelve (cuando no son resueltos por gestiones personales de los atletas o el cuerpo técnico) y muchas veces son los mismos por los años de los años y no me refiero al mismo modelo, sino, literalmente, el mismo uniforme.
 El calzado se lo compra el atleta con el dinero que no le dan como pago por el trabajo de público que realiza. Y la comida para el viaje, sale también del bolsillo del jugador pues con treinta pesos, sabemos que nada, o casi nada se puede comprar.
 Entonces pienso: “Esta gente realmente ama lo que hace”. Imaginen un viaje que pueda extenderse por más de catorce horas. Recuerden lo que dijo Guardiola cuando el Barcelona no pudo contra el Inter de Mourinho en aquel año en que un volcán en Islandia tenía a Europa sin poder levantar vuelos comerciales. Parte de la culpa fue por las once horas de viaje en el Bus del equipo que les garantizo, con uno así los futbolistas cubanos serían más felices…
 Pero nada, incluso puede suceder que a la hora de regresar tampoco llegue el transporte a tiempo y tengan que dormir en el lobby de un hotel hasta entrada la madrugada, y no pasa nada. Antes de que lo sugiera siquiera, el avión no se inventó más allá de la pelota en Cuba y no siempre.
 Esta es solo una simple exposición que muestra al futbolista cubano en su faceta diaria, sin adentrarnos en las intimidades más profundas, sino solo en un arañazo a la superficie. Quiere el público un resultado de la selección pero es imposible. EL nivel no se puede aumentar porque las condiciones no ayudan. Las recepciones, el no saber dónde correr a veces tiene que ver con el acto reflejo de no saber a dónde irá a parar la pelota después de picar en tierra, el balonazo también tiene vías por ese camino.
 Sumen que los mejores exponentes decidieron no quedarse bajo esos términos y salieron por una u otra vía del fútbol cubano.
 Sin embargo, un sábado tras otro, sin importar si está o no la televisión, con una producción buena o quizás muy alejada de la Liga BBVA, o la Bundesliga, la Premier, a Serie A, sin condiciones, ellos salen a vestir el uniforme con el orgullo intacto, como si La Habana, Cienfuegos o Santiago fueran el Madrid, el Barcelona o el Bayern, y juegan con una intensidad que solo es digna de quienes aman lo que hacen.
 Pregunten si Messi, Cristiano Ronaldo o Neymar jugarían bajo estas condiciones en primera. Pregunten en España si alguien vestiría los colores de un equipo bajo esas condiciones.
 Por eso los defiendo a capa y espada, porque o están locos, o enamorados y quien quita no sea un poco de las dos.