martes, 27 de octubre de 2015

Problema resulto



Por: Mario Herrera
 
 “¡No podemos tener quejas de la población! ¡Tiene que haber un estado favorable de críticas con respecto a nosotros! ¡Es una responsabilidad de todos y cada uno de nosotros cumplir con nuestros planes, cumplir con lo que está establecido, con los controles!”
 El Insensócrata recibe un SMS: “Ya está listo el recado. ¿Dónde te lo llevo?”

 “Les pregunto: ¿Cuántas quejas tenemos en nuestra contra de ciudadanos inconformes porque aún después de varios años no les hemos devuelto equipos dañados y en garantía? ¿Cuántas quejas hay al respecto?”  Bien bajito se dirige a otro de menor rango: “¿Ya está la cosa resuelta?”  Y regresa a la audiencia: “Las cartas no solo llegan aquí, a Atención a la Población, sino que ya la gente escribe al periódico que para colmo ahora tienen secciones destinadas a las quejas, con el daño moral que eso trae para quienes dirigimos con mucho sacrificio y sudor las entidades, pero también para ustedes”.
 La reunión termina con una charla donde los súbditos hablan de la necesidad de un aumento salarial, de un mayor control de los bienes y de la fiesta de fin de año.
 Las conclusiones las da la secretaria que además lee el acta y pregunta si alguien tiene algo más que plantear. Nadie levanta la mano.
 O mejor sí, pero nadie la ve y se da por terminada la reunión. Los informes de sobrecumplimiento están en sus respectivas carpetas, ordenados por folio, tomo y colores (para definir cuáles mostrar a la Visita Inspección sorpresa del jueves de la semana que viene a las 14:00 horas con posibilidades de retraso de unos veinte minutos).
 El Insensócrata va a su vehículo, el Director lo acompaña. “Hace falta ponernos pa´esto, la cosa está mala. ¿Por fin que hiciste con los equipitos que entraron? Trata de resolverle a cuatro o cinco gente y el resto lo pones como defectuoso, ten control con los del almacén pa´que no se nos vaya de la mano la cuenta. Nos vemos.”
 Inse se va entonces a su oficina central. Todos los problemas están resueltos, no hay cabos sueltos, nada de qué preocuparse. La prensa le manda siempre una copia de la queja y le da tiempo a prepararse.
 Una persona quedó insatisfecha. No subieron el salario, el costo de vida es cada vez más alto, es sabido lo que pasa desde el almacén y la “cadena alimentaria”, pero no pudo hablar. Alguien cercano le recomendó no hacerlo, total, lo interpretarían como diversionismo ideológico o como un ataque más, un perreta de alguien mayor. A fin de cuentas el público no cuenta.