jueves, 3 de julio de 2014

Mezcladitas



Por: Mario Herrera
 
 Dicen que alguna vez cierto general dijo que los cubanos son excelentes soldados, tácticamente impecables, que se les podía dar una posición a doscientos hombres para que la defendieran ante quinientos mil, y lo hacían pero además, eran capaces de ganarle la pelea a quien fuera, pero una vez que terminen, lo mejor era sacarlos antes que metieran sus manos en la economía.
 Quizás exagero con este inicio pero la verdad me resulta hasta simpática la historia.

 Sucede que somos muy buenos en el tema de eludir el bloqueo, en movernos dentro de los límites(o el marco que tanto le gusta a los insensócratas), pero economía, ni idea.
 Ya no se trata de que tal o mas cuál dirigente, gerente o empresario (que término más grandilocuente ese, ¿eh?) se las ingenie y dentro de tantas restricciones y controles que existen y que se crean para dificultar las cosas, se escabulla y desfalque treintaitrés millones de pesos en tres años cual subdirector económico de Comunales de la Habana Vieja, o aparezcas en el periódico Granma porque te pusiste de acuerdo con unos canadienses para desaparecer por cuenta propia noventaiún millones de dólares.
 De eso estamos casi llenos aunque difícil probarlo, entonces la gente se siente mal y deja de creer en un proyecto común. Lo peor es que esos mismos insensócratas son los primeros en exigir amor, sacrificio y lealtad a “la patria, la Revolución y al socialismo”.
 Pero sin llegar más arriba, en lo básico, las cosas no funcionan sean privadas o estatales.
 Si tienes ganas de comerte un pan con perro de diez pesos, acompañado de su refresquito al mismo precio, ya empiezas a tener problemas nada más pensarlo.
 Lo de menos es la cola, el lio se arma cuando “no hay refresco frío”, o el que hay es de pomito y cuesta dos pesos menos pero igual, “no hay menudo para el vuelto”.
 Este no es un mal único en un sitio determinado. He tenido la suerte de conocer Cuba y darme cuenta que está casi generalizado. De la “cochambre” saco a Bayamo.
 El sector privado pensaría uno que sería diferente pero ni tanto. Estamos tan habituados a maltratarnos entre nosotros, hemos perdido ese arte que es el arte de servir a los demás, que no funciona.
 Lo mismo te encuentras a dependientes que pasan más ratos con sus celulares caros que con la atención al público y en otros lugares, el dueño tiene tanto interés en su camarera que no importa cuántas veces meta la pata olímpicamente, siempre será perdonada, pero solo ella.
 Ya de por sí las cosas en nuestro país son complicadas. Recientemente Estados Unidos le impuesto una multa a un banco francés por prestarnos servicios, que los banqueros europeos deben estar con la soga al cuello, si a esto le sumamos los insensócratas que desfalcan a la economía y los malos servicios que encontramos hasta en los hoteles exclusivos, la baja productividad, los paupérrimos salarios y otras tantas cosas, realmente, ¿cómo vamos a salvar el proyecto de una revolución que ha sido ejemplo para el mundo entero (en otros campos, por supuesto)?
 ¿Será que los que queremos hacer algo al respecto podremos hacerlo si las personas a las que les pagan para hacerlo ni lo intentan porque están en el mismo lado de la cancha?