miércoles, 14 de junio de 2017

Copa Gelabert, mucho por delante



Por: Mario Herrea
 
 Hace unos días culminó la séptima edición de La Copa Jorge Gelabert Pérez in Memoria, con sede en la sala polivalente Kid Chocolate. La afición futbolera del país pudo disfrutar de una buena parte de sus encuentros a través de la pequeña pantalla.
 Con sus aciertos y desaciertos se jugó un buen futsal, el mejor que tenemos. Sorpresas como el Juveniles U-16, el regreso de Pinar al panorama nacional en muy buena forma, el juego fuerte de Granma, una final de alto nivel con varios de los mejores del país.

 Sin embargo, los desaciertos empañaron al evento, y van más allá de la responsabilidad del Comité Organizador, que hizo lo que pudo, con lo que tuvo.
 Creo, debemos empezar por los puntos oscuros. Los tres equipos de la capital vistieron el mismo color de uniforme, con los gráficos diferentes, pero iguales de inentendibles. Mismo tono azul fuerte, ribetes en negro o verde oscuro. Pinar vino con su verde tradicional, pero igual, números en negro. Cuando se sudaba el uniforme, no se diferenciaba a los jugadores.
 Una cosa es el concepto genial de Deporte para Todos, como el derecho de cada cubano al acceso a nuestras instalaciones, a la práctica del deporte desde las más tempranas edades y hasta que nuestras voluntades lo determinen, de formar parte de los equipos desde la base y hasta donde lleguen nuestras capacidades, todos por igual, sin distinciones de raza, sexo, credo religioso o ninguna otra que lacere la dignidad humana, y otra bien diferente, a pesar de ser consecuencia, es el deporte de alto rendimiento.
 Lo que vimos, fue deporte de alto nivel en un pésimo espectáculo deportivo. Los uniformes, colores oscuros y gráficos oscuros. No pedimos las súper camisetas de las grandes trasnacionales, pero tampoco las vistas. La cuestión no es gastar para cumplir, sino hacer lo básico con calidad. En el futbol, el uniforme incluye las medias, algo que la industria deportiva cubana no tiene registrado en su agenda, pues ni en esta Gelabert, ni en el Nacional de futbol, se les entregó a los atletas de ninguno de los equipos participantes. Los colores en los uniformes e identidades deben contrastar, para facilitar la identificación a los árbitros, televisión (más si se sabe de antemano que estará) y público asistente.
 Los trabajadores de la Kid Chocolate hicieron un trabajo fuerte, pues las lluvias se presentaron en las tardes habaneras y las filtraciones en el techo de la Kid Chocolate, impidieron, por momentos, el buen desarrollo de algunos partidos, debido a los resbalones de árbitros y jugadores. La Kid necesita una reparación. Se habló dentro del staff de empleados de la desaparición de la polivalente para aprovechar el espacio en otros proyectos. Centro Habana y Habana Vieja son dos de los municipios más densamente poblados de Cuba, y complejos. No abundan los espacios para la práctica del deporte y sus beneficios. Desapareció Prado 117, con su academia de ajedrez, de tenis de mesa, de lucha. La escuela del Ballet Nacional de Cuba, fue tiempo atrás, centro de entrenamiento y formación de atletas en esgrima, gimnasia artística y rítmica y gimnasio para aquellos que querían realizar ejercicios en sus ratos libres. La academia de esgrima fue mudada a Trocadero e Industria, a una nave que fue almacén tiempo atrás. O sea, cada vez son menos las áreas deportivas, como para darnos el lujo de perder una más.
 El futsal, ha sacado de las calles a varios de esos atletas que vimos días atrás y los ha convertido en hombres de bien. La Polivalente necesita reparación, no desaparecer ni ser mudada de locación.
 El deporte de alto rendimiento es un espectáculo deportivo, pero también un espectáculo recreativo. El público cubano recibe 18 horas diarias de deporte de alto rendimiento cubano, y de otros lares, donde se cuida mucho la imagen del espectáculo, valga la reiteración del término. No por gusto, bajo la influencia de lo que se puede hacer y no se hace, las instalaciones cubanas, en nuestros eventos, lucen vacías.