jueves, 25 de mayo de 2017

Honor a quien honor merece


NO dejó caer nunca una pelota; no dejó caer una niña

Por: Mario Herrera
 
 Sin que se me dé mucho el sensacionalismo, quiero escribir sobre la decadencia de la sociedad capitalina, o, al menos, una parte. Pero también pretendo reconocer a quien hace caso omiso a semejante barbaridad, y nos muestra que se es un “Capitán” dentro y fuera de un terreno de juego.

 Ana López es una niña real. Tiene un segundo nombre y apellido, pero solo gravé estos datos. Tiene nueve años. Sufre de mala absorción de los alimentos, por lo que de cuando en cuando, tiene ataques, y desmayos, que le perjudican la salud.
 Hace poco sufrió uno. Sin muchos recursos, su madre salió como loca a una avenida, con la esperanza de que algún vehículo se detuviera y las llevara al hospital más cercano. Pero Cuba ha cambiado, y en lo que antes todos corrían a ayudar, ahora solo lo hacen los humanos. Y los taxistas por cuenta propia, los boteros, no lo son en muchas ocasiones.
 Piense usted en una madre con su niña cargada, sin conciencia, desmayada. “No voy en esa ruta”, era la respuesta común de “varios” boteros.
 Pasó entonces el excapitán azul, Carlos Tabares. Ese, el “56”. Pasó de largo con su esposa. Se dio cuenta. Violó todas las leyes del tránsito cuando dobló en “U” una, y otra vez. Paró justo delante. No preguntó. Se bajó del auto, corrió, abrió la puerta, montó a la niña, encendió las luces en clara señal de solicitud de vía libre por urgencia, y voló tan rápido… Llegó al hospital con el sonido del claxon activado, en la búsqueda de ayuda especializada. Se bajó veloz. Abrió la puerta. Cargó a la niña y la dejó en manos sabias.
 La mamá de Ana López fue a verme para que de alguna manera reconociera públicamente la actitud del Capi 56. Se hará mañana en un espacio. La Revista Hola Habana le transmitirá el agradecimiento públicamente.
 Este es el espacio que puedo utilizar para sumarme a ese agradecimiento, a ese reconocimiento. También soy padre. ¡Bravo por Tabares!
 Boteros…