martes, 10 de febrero de 2015

Uno más o uno menos, sí hay diferencia



El Infantil en su esplendor

Por: Mario Herrera
 
 Desde hace varios días se conoce o no la demolición del Hospital Pediátrico Pedro Borrás Astorga. La instalación fue construida en 1933 y según el periódico Trabajadores, comenzó a prestar servicios en 1934.

 Pero comenzó una infructuosa reparación en la época más infructuosa que ha vivido nuestro país desde el propio descubrimiento hecho por Colón. Imaginen ese tiempo en la que usted podía tener cientos y cientos de pesos y no había nada que hacer con ellos; el estado por el contrario no tenía esas cantidades y nada para ofrecer en ningún campo.
Una verdadera pena, un tremendo desperdicio

 Era necesario, pero en años de crisis, crisis de valores y a pensar en uno mismo. El hospital se decía era el mejor en su campo en nuestro país. Todos venían al “Pediátrico” a atender a sus hijos, fuese cual fuese la causa, era encontrada y tratada por doctores de máxima calidad.
Después de tantos y tantos años de servicios se desmorona la gigantesca  casa de salud para infantes ( después del tiempo y los intentos de reiniciar la reparación-reconstrucción se determinó por los arquitectos e ingenieros que no era posible salvarlo). Por supuesto más allá del homenaje al hospital que le salvó la vida a mi hermana con siete años a principios de los setenta contagiada de Escarlatina, algo raro en Cuba, pero estaba ahí un médico tremendo para detectarla. En ese lugar dio sus primeros pasos con siete años nuevamente después de un ingreso de más de seis meses. Mi hermana menor fue operada de Apendicitis. Ahí corrí para que no me inyectaran penicilina.
 Por eso, más allá del homenaje me surgen varias preguntas: ¿a dónde fue a parar el dinero inicial? ¿Y el resto del dinero que fue entregado una y otra vez para “terminar” la necesaria reparación? ¿Dónde están los responsables? ¿En qué barrio residencial viven ahora? ¿A cómo se vendió cada saco de cemento robado? ¿Y los servicios sanitarios?
 Me molesta verlo sucumbir al poder demoledor de la incompetencia. ¿No hubo un ministro con los “overocos” bien puestos para evitar tanto relajo? ¿Dónde están los sucesivos Ministros tantos en Salud como Construcción culpables de este deceso?
  ¿Y los niños cubanos, los niños que fuimos a ese lugar a curarnos, nuestros hijos, a dónde irán?