jueves, 5 de febrero de 2015

Oficio



Por: René Navarro Arbelo
 
Oficio: palabra muy repetida en el béisbol cubano
 Con enorme frecuencia, desde hace años, escucho en nuestras trasmisiones deportivas del béisbol desde el exterior la palabra oficio; la prensa plana también la emplea en sus reseñas y comentarios. No oigo en otro tipo de actividades a mis homólogos hacer referencia a ese término. Parece reservado para las competencias internacionales de nuestro preferido espectáculo.

 Ahora mismo en la Serie del Caribe que se desarrolla en San Juan, Puerto Rico, mis amigos la han repetido decenas de veces. Oficio, según el diccionario de la lengua española, significa ocupación habitual, función o ministerio de alguna cosa, comunicación escrita de carácter oficial, rezo eclesiástico y función de iglesia.
 Oficio, en la primera acepción, es aplicado en Cuba a los albañiles, carpinteros, barberos, mecánicos, plomeros, electricistas, etc. Para los practicantes sistemáticos de cualquier actividad deportiva la palabra oficio quizás no entraña la misma dimensión. Los adversarios extranjeros reúnen esa condición de oficio, pero los cubanos – comentan mis colegas – carecen más de una vez de la profesionalidad que exige ese término.
 Yo no creo que el denominado oficio se adquiera en eventos fuera del país; sencillamente debemos admitir que nuestros rivales piensan y actúan de una manera que tiene mayor sentido en varios órdenes. Oficio, en béisbol, es dominar las debilidades del oponente, funcionar como un reloj en el renglón técnico táctico; aprovechar, estudiar y adecuar  situaciones de juego, además de los conocimientos generales que necesita un deportista de alto nivel … y su dirección.
Si somos dueños de una pirámide de enseñanza desde el nivel escolar y nuestros peloteros fueron armados de todos esos valores hasta nuestras series nacionales, me cuesta trabajo entender que no haya el famoso oficio. El béisbol cubano se distinguió antes por su promoción de figuras hacia competiciones de mayor nivel y no existía la palabra oficio. En los últimos años otros dieron la talla en diferentes ligas y clubes con buenos o superiores resultados. Demostraron su maestría y la calidad del deporte que se practica en Cuba. Ejemplo de ello, sin acudir a las Ligas Mayores de Estados Unidos – donde varias figuras han brillado -, fueron Yulieski y Despaigne en Japón.
 Habrá entonces que preguntarse si a la hora de integrar un equipo reforzado de Pinar del Río o una selección Cuba andamos por el camino correcto y obramos con las exigencias de estos tiempos.