martes, 24 de enero de 2017

Carta a un hermano emigrado



Por: Mario Herrera
 
 ¿Que hubo hermano? ¿Cómo te lleva la lucha por allá? Por aquí todo bien. Tu sobrino está de madre. Jodeeeeee. El otro día lo llevamos al Gran Parque Metropolitano de La Habana. Es que por televisión lo dieron como que había sido reinaugurado y que era el paraíso terrenal, así que nos embullamos y para allá fuimos, con familia completa.

 Desde que llegó se olvidó que tenía sueño y comenzó a correr, a trompicones porque aún no sabe caminar bien. Se montó en casi todos los aparatos que encontramos en la zona de los niños chiquitos. Le encantó el Tío Vivo. Uno de los que no estaba “Tío Muerto”. No le hizo mucha gracia el columpio. Me pregunto dónde estarán aquellos de cuando éramos enanos y eran un cajón de metal, bastante seguro, con la barandita delante. Ahí, te puedo garantizar que no había.
 Lo pasé por otro aparato y nos tuvimos que levantar por el ruido que hacía. Falta de grasa sería el veredicto. UN trencito de concreto hacía de túnel para los más pequeñines, y por ahí me obligó a meterme un par de veces.
 ¿Te acuerdas de los “barquitos”? Había, con un asiento sí y uno no, pero funcionaban y por momentos le cayó en gracia el chiste. Bueno, que gozó bastante.
 Llegó en mediodía y el hambre, y como nos había dicho la televisión que aquello tenía no sé cuántas ofertas, nos pusimos a caminar. Llegamos a la pizzería, que tenía una buena cola (no te olvides de Cuba). De todas formas, revisamos la carta y vimos… y nos fuimos. La Heladería también estaba copada de gente. Cruzamos el puente. Tu sobrino se enamoró de una guitarra y un violín. Hubo que sacarlo cargado porque si no, no se va.
 Llegamos a la parrillada. Solo había pollo frito y refresco caliente. Fuimos a otro lugar, casi frente a la parrillada y tenían refresco, otra vez caliente. Pedimos el pollo y fui a buscar refresco en la pizzería, y macho, créeme que estaba frío de congelado y rico.
 Pasó una hora, y el pollo… nada. Pregunté y terminé molesto y le cedí mi “lugar” en la cola al próximo… que también se fue. Nada, que la televisión me prometió el paraíso me tropecé con una instalación de gastronomía Estatal en La Habana. Ante mi protesta apareció casualmente la directora. “¿Qué te prometió la TV?”. Me explico. “No, lo que pasa es que la obra no estaba terminada y había que entregarla para el 31 de diciembre, y los contratistas dijeron que sí estaría, pero además, ¿nadie le explicó que no tenemos agua desde ayer?”
 En fin, para no hacerte largo el cuento, nos fuimos. Cruzamos y encontramos la Hamburguesería. La diferencia es abismal. La climatización adecuada, el trato, especial, amable. El lugar es bastante económico. Nada, que pasamos un rato divino. ¿Y tu sobrino? ¡Se echó jevita y le dieron su primer piquito! Paola será su primer “amor”.
 Nada, solo quiero que ustedes estén bien por allá, y que cuando tengan una oportunidad, vengan, que al final, esto es Cuba y la vida sigue igual.