martes, 24 de mayo de 2016

Un viaje interesante



Por: Mario Herrera
 
 El inicio prometía cuando llegamos a la Universidad de las Ciencias de la Cultura Física y el Deporte Manuel Fajardo y estaba el ómnibus a la espera, listo para partir desde hacía ya un rato. Así que salimos en tiempo, justo como estaba previsto. Destino: Las Tunas.
 El aire acondicionado estaba fuerte y muchos pasamos un frio endemoniado en una travesía hecha en la madrugada de viernes.  Al amanecer hicimos una parada, salimos a bebernos un café algunos, otros a desayunarse un pan con algo venido desde la capital en el maletero.

 Un par de películas simpáticas casi logran que me pasara de donde debía bajarme, pero a tiempo pude ver entre las cortinas corridas para evitar la claridad los portales tuneros que reconocía de viajes anteriores.
 Llamé a Raynol Paz, periodista y ex narrador de la emisora provincial, Radio Victoria. Raynol me alojaría en su casa y me daría la primera mala noticia: Por decisión de la dirección de la emisora, los recursos económicos serían destinados a la pelota sub-23 y a nada más en las transmisiones deportivas. Realmente fue un golpe duro.
 EL resto del día lo pasé en la casa, con la familia recién agrandada tras el nacimiento de Katy. EN la tarde nos fuimos a los entrenamientos del equipo tunero de fútbol y compartimos un buen rato con ellos.
 El sábado traería un encuentro que tuvo mucha intensidad, demasiado boxeo, y muy poco fútbol. Me fui con los jugadores del conjunto local. La travesía hasta Manatí es larga y realmente me di cuenta que como geógrafo soy muy malo.
 Caminamos el terreno con pasto nacido no de una disputa de los jugadores con los directivos de la provincia por la dejadez y el olvido, sino por cuatro aguaceros y varios días de juego en otras provincias. Si, hierba y baches. Buscamos las alineaciones iniciales y nos sentamos donde habitualmente lo hace la prensa y los relatores de partidos.
 El público llenó la gradería del Ovidio Torres y los aficionados calentaban junto a los jugadores. Dos pequeños se pelaban a trompones en el techo del túnel y una turba se divertía con el denigrante espectáculo hasta que alguien se llevó de un tajo a uno de los peleadores, que tres segundos más tarde subió de nuevo al mismo lugar y conversó con su rival como si nada. Cosas de niños.
 Temprano La Habana demostró que jugaba mejor, y que Las Tunas no se dejaría maniatar por nada ni nadie. Un lamentable accidente hizo que saliera del terreno Daniel Luis Saez. El choque de su cabeza con la de uno de los centrales del local, más la caída y de nuevo, golpe en la cabeza, sacudieron al mediocampista capitalino que perdió brevemente el conocimiento. Cambio obligado. No habían pasado diez minutos y el central Daniel Alarcó pasó sobre uno de los baches; tobillo torcido, hinchado, y para afuera. Eso sí, los cambios, ofensivos.
 Roberto Peraza entró por Alarcó, Yosvani Vinnent fue atrás como defensa central, junto al cambio de Rubén Mendoza por Daniel Luis, ponían a La Habana en posición de intentar mover los hilos del juego. Pero Las Tunas tenía un plan diferente.
 Lamentablemente la violencia, siempre pedante a quien quiere ver un buen espectáculo, comenzó a decir presente. Los duelos de Mendoza y los jugadores tuneros… es más, los duelos de violencia entre los jugadores parecían no tener fin y la mano quedaba floja para el silbante que no fue parcial.
 Antes que nos diéramos cuenta, Yosvani Vinnent anotaba de cabeza en su propia puerta (41´) cuando tenía opciones para no hacerlo, pero aún no se adaptaba a la nueva posición de defensor.
 El segundo tiempo comenzaba con un Habana que quería el empate y lo logró con una excelente jugada de Osmany Montesinos (51´) que muchos reclamaron falta, pero no lo fue. Tras ver el video varias veces confirmamos nuestra versión. De ahí en lo adelante: menos fútbol, más ganas del local, dominio alterno, un desinteresado en el deporte que solo escupía la pelota si era banda para  La Habana, o la espalda de los atletas capitalinos.
  EL grito de “¡Ruge Leona!” del beisbol se trasladó a Manatí. Muy metido el público.
 Roberto Peraza mostró muchas cualidades y el por qué lo considero el “Andrea Pirlo” cubano. Eso, antes de volverse contra un agresor tunero y devolverle el derechazo al rostro y de hecho, ambos ser expulsados. 
 En resumen, el uno a uno no se movió. Saludos y vámonos.
 Un duelo que merece punto y aparte lo sostuvo Yusvany “El Puya” Caballero, defensa central de La Habana, y el delantero tunero Maikel Celada. El Puya fue una sombra. Le habló al oído, lo molestó, le quitó todas las pelotas. El público le gritó de todo, lo amenazó de muerte. EL Puya se rió, les sacó la lengua, se besó el dedo, volvió a sonreír con la alegría de quien no teme, y se los echó en un bolsillo a todos. Celada me confesaba después que realmente el Puya lo sacó de paso y estuvo a nada de volver la persecución algo más grave.
 Otro que merece un aparte el Danilo Torres. El portero suplente abrió titular y evitó las más claras del local: una chilena espectacular (no puedo decir otra cosa) de Maikel Celada y otra atajada a boca de jarro. Debo agregar que un referente como Yasnay Rivero (Pocholo), salió al campo de juego con una descomposición estomacal que solo su férrea voluntad de no sentarse hizo que saliera, aunque su aporte no se hizo notar como de costumbre. EL último cambio habanero fue el de Eddy Sanamé por Andy Baquero que pesó muy poco en el juego.
 Los casi cinco mil aficionados que visitaron el Ovidio Torres se fueron contentos con el juego, y molestos con los pobres árbitros que soportaron los insultos y latas vacías lanzadas contra sus cabezas por unos pocos desadaptados.
 Hubo conga, hubo baile, hubo fiesta, hubo goles y muuuuuucho talento rural (¿Cierto Raynol Paz?)
 Al regreso conocía el resto de los resultados. Perdía Guantánamo en Zulueta, ganaba Santiago a Camagüey, Ciego remontaba a Cienfuegos y Granma no pudo llegar a La Isla, lo que provocó que este lunes se decretara victoria para la visita y no para el local, pues no pudo asegurar la transportación. Ese es un tema que merece un artículo aparte.