Por: Mario Herrera
Hoy, 11 de diciembre, se cumplen 106 años del
primer partido oficial de futbol en nuestro país. Hoy, es el día del futbolista
cubano.
Nos son muchos, en este año 2017, los motivos
de celebración. Sin embargo, dentro de tanta oscuridad, parece que una ligera
luz se asoma al final de un enorme pasillo.
Digo que no hay muchos motivos de celebración,
debido, primeramente, al cambio de estructura del campeonato nacional, llamado
liga para “parecerse a lo que existe internacionalmente”, pero que, en sus
primeras rondas, no respetó las 72 horas de descanso reglamentadas por FIFA,
entre otras cosas. Realmente fue
desastroso.
La migración legal de varios futbolistas
cubanos a ligas como Antigua, Haití, y más recientemente, República Dominicana,
abrió una puerta difícil de cerrar y que afectará a la liga cubana, pero nadie
puede culpar a quien quiera jugar profesionalmente, y la liga, deberá aprender
a sobrevivir a este fenómeno.
Considero que, mientras el INDER tenga a su
cargo el patrocinio de los torneos de primer nivel en Cuba, a excepción del béisbol,
el resto estará condenado al fracaso. Es el INDER, una entidad que depende del
presupuesto del estado fundamentalmente y con obligaciones más importantes.
La liga fue mala en organización, y peor en
difusión. Se salva el enlace al portal www.inder.gob.cu.
Peor, he ahí otro déficit: la Asociación debería tener su propio sitio web. Se
dice que éste pudiera estar listo en poco tiempo.
Desde el 7 de octubre de 2016, los cubanos no
vemos a una selección nacional cubana enfrentar partido oficial, ni en casa, ni
fuera. Al menos, tuvimos la suerte de disfrutar Esperanzas de Toulón en vivo. A
nivel de mayores, las convocatorias para “giras nacionales” no cumplen objetivo,
más allá de revisar el estado de forma de ciertos jugadores. Como nota
positiva, me alegró saber la convocatoria a Sander “Keko” Fernández, aunque
éste la haya declinado por obligaciones contractuales con la liga en Antigua.
También el regreso, tras dos años de sanción, de Yordan Santa Cruz, y Tomás
Cruz. Sin embrago, la selección necesita jugar a un nivel superior al suyo.
Episodios como el de Camagüey, entre tuneros y
árbitros, empañan nuestro deporte, tan amado y vilipendiado por tantos Insensócratas.
Es decepcionante que no haya declaración ni comunicado oficial sobre el suceso,
y que como siempre sucede con cuestiones de magnitud, se trate de silenciar
como método de control de daños.
La liga sub 13, la Liga de Academias, nacieron
este año. Para los más chicos, son muy pocos partidos en un mundo donde cada
vez se juega más. Entiendo el factor docente por encima de todo.
La Sub-23, o academias, se queda corta si
tenemos en cuenta que es el eslabón perdido entre ser juvenil, y ser primera
categoría. Debe aumentar este torneo, el volumen de juego y las condiciones.
El futbol cubano debe respetarse a sí mismo en
todas las sedes. Por ahí empezaría el respeto de la insensocracia. NO puede ser
que una instalación esté cerrada, por peligro de derrumbe, la gradería, y la
otra ala, esté también en estado pobre, aunque le “pertenezca” a una escuela.
No puede ser que, en una EIDE, se juegue un partido oficial, y un transeúnte atraviese
el campo de juego, se detenga incluso a disfrutar, parado en medio del círculo
central, y que un árbitro deba detener el encuentro, mirarlo, y encima avisarle
para que se dé cuenta que debe salir, porque se juega, repito, un partido
oficial. Y que ningún comisario vea y al menos, regañe a la sede. En fin, la
Liga de Academias debe mejorar.
El campeonato nacional de futsal tuvo la mala
fortuna de coincidir con el inicio de la Serie Nacional de Béisbol y el Mundial
de Atletismo, por lo que pecó en difusión. Más allá de la noticia, nada de
nada. Para colmo de males, “prohibiciones” inexistentes de la FIFA, impidieron
entrevistas.
Según Futbol por Dentro, se trabaja fuerte en
el renacimiento de una identidad propia, con el patrocinio de la empresa Joma.
El proyecto Forward de FIFA nos dotará de
determinados recursos que, bien invertidos, podrían beneficiarnos y arrancar un
motor que después no habría manera de detener, y nos beneficiaría enormemente,
pero, mal usado, sería un arma de doble filo.
En un país tan deportivo como el nuestro, con
tanta influencia del exterior y donde los jóvenes son la pieza fundamental de
todo cambio, es peligroso dejar que sean foráneos los héroes de toda una
generación. Si no crece nuestro futbol, crecerá esta influencia y los jóvenes
cubanos seguirán cada vez más a jugadores extranjeros, los adorarán más, los
verán como símbolos, y temblarán los cimientos de nuestra Revolución, aun
cuando siempre aparezca quien nos rescate. Mejor que nuestros jóvenes valoren a
nuestros futbolistas, peloteros, voleibolistas, gimnastas, balonmanistas o
boxeadores, que a otros.
En fin, 106 años. Esperemos tener un mejor
107.
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